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A MAMÁ LE GUSTAN LAS POLLAS NEGRAS
Fantasea
Incesto
Corrector : anónimo
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Autor :
Categoría : Incesto
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Tras su separación, mi madre estaba desatada. Todos los fines de semana se iba de discoteca con su amiga Paula, más puta que las gallinas, y no retornaba a casa hasta altas horas de la madrugada, siempre medio borracha y con un humor de perros, que le duraba el resto de la semana.
Lo peor fue cuando me sorprendió delante del ordenador pajeándome con un video porno. Después de abroncarme toda histérica, llamarme degenerado y decirme que era tan canalla como mi padre, me hizo ir a la iglesia a confesarme y fue pregonando entre nuestros amigos y familiares que su hijo adolestence era un pajillero compulsivo ... como si ella fuera una santa precisamente.

Así que aproveché la primera oportunidad para vengarme y contrarestar sus ataques con la misma moneda. Fue cuando empezó a traer a sus amigos a pasar la noche con ella, después de sus juergas del sábado. Suponiendo que yo dormía como un bendito, ella introdujo a todo tipo de individuos, de toda edad y condición, con los que chingaba como una perra sin preocuparse que sus gritos y jadeos llegasen a la habitación contigua, que era la mía. Así que lo primero que hice fue colocar una mini-cámara camuflada en su dormitorio, de manera que podía ver con toda nitidez desde mi ordenador sus jodiendas, lo que aprovechaba yo para masturbarme a su salud y correrme al tiempo que la pareja, como si estuviese participando en un trío con mi propia madre.

Con el tiempo consolidó un noviete. Era un negro descomunal, musculoso y atlético, con una poronga de peli porno, gorda y venosa. El moreno la hacía gozar en todas las posturas, así que opté por gastar el resto de mis ahorros y colocar otra cámara más, que apuntaba justo al centro de la cama. Así podía ver cómo aquella inmensa verga taladraba el coño de mi madre hasta hacerla chorrear jugos vaginales que le empapaban la almeja y caían por los muslos y dejaban las sábanas pringadas. El gigantón la follaba inicialmente sin condón y, tras una buena mamada y penetración por el ano, se ponía uno de los forros que mi madre guardaba en la mesilla de noche y le introducía la verga hasta los huevos para terminar así.

Esta circunstancia me dio la idea de ir más allá con mi plan, coincidiendo que ya mis padres iniciaban una reconciliación y posiblemente pronto volverían a convivir. Así que un buen día que estaba solo en casa fui a la mesita de noche de mi madre y le pinché todos los condones con un alfiler ...
Llegó la noche esperada. El negro empezó a calentar a mi madre con una buena chupada de concha. Para entonces, mamá se había rasurado el pubis y su almeja parecía la de una nenita: lampiña, hinchada y sonrosada. Mamá siempre se corría varias veces; la primera con la hábil lengua del moreno masajeándole con la punta el clítoris. Luego era ella la que se tragaba el pollón hasta las mismas amígdalas. Aquel glande gordo y reluciente se abría paso en la ávida boca mientras la saliva chorreaba por las comisuras de aquella hembra en celo. Después de hacerla gozar con el bombeo mientras ella pedía más, más y más, y le atenazaba el culo con sus piernas para sentir bien adentro aquel descomunal miembro, el negro se colocó el preservativo y volvió a la carga ...

Nos corrimos los tres casi simultáneamente. La pareja quedó entreenlazada completamente exhausta tras el orgasmo y, al poco, el hombre se incorporó, retiró el condón de una polla ya fláccida, le hizo un nudo en la base y lo tiró a una esquina. A la mañana siguiente busqué el forro en el cubo de la basura. Allí estaba: con su agujero en la punto y vacío de leche. Toda la lefada, abundante como corresponde a un semental, había entrado en el útero de mi madre...

A la semana siguiente mi padre volvió a casa. Durante días y días estuvieron chingando como animales para sellar su reconciliación y aprovechar el tiempo perdido. Al cabo de un mes mi madre nos comunicó que estaba embarazada y mi padre se puso muy contento, imaginándose la llegada de un lindo bebé o bebita blanco y rubio como ellos, fruto de su amor y reconciliación.
La sorpresa fue ocho meses después: mamá dio a luz un precioso niño negro como el carbón, de grandes ojos oscuros y cabello rizado.

No hay que decir que papá volvió a irse de casa.




Después del placer de las palabras, el placer de las imágenes :

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